viernes, 27 de marzo de 2020

ARTÍCULO CON FOTO

Cohinta Guerrero Aparicio,  mujer
campesina con valores y principios

César González Guerrero
Que la crisis no sea motivo para detener nuestras actividades cotidianas. Con todas las precauciones, unidos en familia y atendiendo las indicaciones de nuestras autoridades, como siempre, lograremos salir adelante.
En Guerrero, se observa al Gobernador Héctor Antonio Astudillo Flores y su señora esposa Mercedes Calvo Elizundia coordinando personalmente las acciones pertinentes para evitar, en la medida de lo posible, que la población guerrerense se vea afectada por un problema de salud originado fuera del Estado. Cada uno de nosotros debe asumir su responsabilidad siendo solidarios y atendiendo todas las medidas preventivas que se están instrumentando.
En este día 25 de marzo del 2020, la situación epidémica que estamos experimentado en nuestro país y en Guerrero, no nos permitió celebrar como siempre lo hacíamos, un aniversario más del cumpleaños de mi madre. Ahora nos apoyamos de la tecnología, y a través del celular, homenajeamos a quien debem
os nuestro origen, la vida y  nuestro desarrollo personal. Por supuesto como toda familia, con el respaldo de nuestro padre, también ya fallecido.
Sin duda, para la familia y amistades cercanas, esta fecha está marcada por siempre y diariamente esta en nuestro pensamiento. Por esa razón, una vez más, mis hermanas Delta, Yolanda, Amada,  Nerida, mi hermano Javier, su servidor, nuestros hijos e hijas, nuestros nietos y nietas, biznietas y biznietos, nueras y yernos, desde Estados Unidos, Guerrero y nuestra tierra Cópala nos enlazamos en un grupo de WhatsApp e interactuamos para recordar su memoria con tristeza pero también con alegría, así como elevar nuestras oraciones rogando por su eterno descanso. Esta interacción sin duda, fue una  extraordinaria experiencia.
Desde aquel día 5 de marzo del 2006 en que ella falleció, el recuerdo de nuestra madre sigue presente en cada uno de nuestros corazones, más aun cuando 7 años después también se nos adelantó nuestro inolvidable padre Santa Cruz González Cortés. En esta ocasión deseo compartir algunos detalles íntimos de nuestra vida familiar en el campo, de una familia eminentemente campesina.
Mi madre Cohinta Guerrero Aparicio, tuvo la suerte de disfrutar en vida muchas satisfacciones, pero también momentos difíciles al lado de mi padre, entre otras cosas no puedo olvidar los días en los cuales hoy deseo destacar, las semanas completas en que teníamos que ir a trabajar en los terrenos localizados en la comunidad de El Carrizo, en lo que prácticamente significaba vivir un buen tiempo en el campo, es decir fuera del domicilio oficial que teníamos en la cabecera municipal. A esa práctica se le conocía y creo aun se le conoce como “bajarse”,  o estar “bajau” o “bajao”. 
Esa época fundamentalmente, fue en la temporada de lluvias, allá por los meses de julio y agosto, días difíciles para nosotros, mi hermano Javier y Yo, ya que significa sobrevivir en un ”bajareque” de palapa y la infaltable “ramada”, a orilla de un arroyo conocido como “del cuatete”, cuya corriente de agua en muchas ocasiones nos inundó la vivienda y teníamos que refugiarnos en alguna parte alta del terreno. Era, aproximadamente, entre los años de 1960-1965, cuando solo teníamos unos 6 o 7 años de edad.
Este jacal con piso de tierra o lodo que nunca olvidaré, servía de todo: sala, comedor, cocina y recámara, desde luego ocupando una cama de “vara” o de “otate”, con su respectivo “petate” y “pabellón”, ahora llamado “mosquitero”. Y es que en verdad cómo abundaban los “zancudos” o “tábanos”, en ese tiempo no tan ofensivos o peligrosos como los actuales que transmiten las mortales enfermedades modernas como: Dengue, Chicungunya, Zika, y hoy por hoy la peligrosa Coronavirus.
Muchas noches sin luz eléctrica y con la sola iluminación de un “candil”, mi madre nos cobijaba con una “sabana”,  “sacudiéndola” previamente, para evitar los alacranes que en esa época también abundaban. Gracias a Dios fueron pocas las veces que nos “picaron” y estamos para contarlo.
Mientras mi padre llegaba de realizar las últimas acciones de la jornada diaria, ya como a las 6 o 7 de la tarde, mi madre “arreglaba “la habitación”  y la cama y, casi simultáneamente, preparaba la cena de lujo: una “cazuela” de frijol “machucau” (a veces “apozonque”), con la inolvidable cuchara de madera de buen tamaño, y chile también “machucau” en “cajete” o “molcajete”, con su respectiva “piedra de machucar chile”.
 Sin faltar las gigantescas y ricas “memelas “golpeadas” o hechas a mano, unas “gruesas” y otras “delgadas”, cuya masa se molía en el famoso “metate” con su respetiva “mano de metate”. Como fueran, siempre y a la fecha, siguen siendo deliciosas.
Mi madre, que nació un 25 de marzo del año 1925 falleció, pero al igual que mi padre, cumplió plena y muy dignamente, su función de esposa y madre campesina, y realizó otras muchas actividades más que, en una próxima oportunidad mencionaremos.
Por ahora solo basta señalar que, madres como Cohinta Guerrero Aparicio hay muchas pero, desgraciadamente, muy pocos podemos expresar el profundo sentimiento que nos causa su ausencia. A mí en lo personal, y espero que a muchos hijos e hijas, me llena de satisfacción volver a vivir, aunque espiritualmente, los momentos más difíciles pero más hermosos de la vida, como es el hecho de trabajar y vivir en el campo. Eso es un orgullo y un compromiso para seguir inculcando en los pequeños que el trabajo forja y da ánimo para seguir luchando. Esa es la tarea.
Descanse en Paz Cohinta Guerrero Aparicio en el marco de celebrar, una vez más, su natalicio.

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