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饾樉饾櫀饾櫑饾櫋饾櫎饾櫒 饾檴饾櫑饾櫓饾櫈饾櫙 饾檲饾櫎饾櫑饾櫄饾櫍饾櫎.ACAPULCO, GRO.--A las cuatro de la ma帽ana de aquella noche de noviembre del 73, el viejo tel茅fono Ericson de la comandancia de la polic铆a judicial del Estado repicaba fuertemente y romp铆a la monoton铆a del silencio de esa velada calurosa que solamente era interrumpida por el vuelo y picadura de aquellos zancudos que atacaban impunemente a los polic铆as de la guardia de prevenci贸n.

El mero comandante Urbano Luna estaba al pie del ca帽贸n en su oficina justo en esos momentos aciagos en la pol铆tica de Guerrero. ¡Y c贸mo no eran aciagos si los grupos guerrilleros encabezados por Lucio Caba帽as Barrientos y Genero V谩zquez Rojas ten铆an la zozobra sembrada en la gente pudiente de aquel Acapulco! A diario se conoc铆an sus comunicados que publicaban los diarios locales de la 茅poca como Prensa Libre, de



Severiano “Chema” G贸mez.

El viejo polic铆a estaba a punto de irse a descansar a su casona de la colonia Morelos (su residencia ocupaba una cuadra entera en la colonia Morelos, antes de otorgarla bajo testamento a sus hijos quienes finalmente lo corrieron y no lo quer铆an ni ver en los bienes inmuebles que obtuvo por su trabajo policiaco). Su sexto sentido le advert铆a algo. Dio la orden a uno de sus polic铆as para que respondiera el tel茅fono y poder atender la llamada.

—Polic铆a Judicial del Estado, a la orden…

Del otro lado de la l铆nea, se escuchaba la voz nerviosa de un hombre…

—Vengan pronto al z贸calo. Hay dos tipos borrachos haciendo disparos. Uno tiene una pistola y el otro una metralleta en la mano. Est谩n acompa帽ados de un mariachi que podr铆an estar en peligro… Los dos est谩n muy briagos.

El polic铆a, conocedor de aquel viejo adagio de no acudir a balaceras ni fugas de gas en momentos m谩s peligrosos porque puede morir de un balazo o en plena explosi贸n, intent贸 sacar m谩s raja de la le帽a que les mandaban.

—A ver, d铆game c贸mo son, c贸mo est谩n vestidos, cu谩nta gente m谩s lo acompa帽a…

El hombre aquel apenas ten铆a fuelle para hablar… por el miedo y por los nervios juntos…

—Son dos tipos. Uno es regordete con fachas de turista y el otro, el que tiene la metralleta en mano, es un tipo alto, parece que trae una camisa blanca de mangas largas… a ver, esp茅renme, creo que me est谩n diciendo que es el due帽o de un peri贸dico…

—¿De qu茅 peri贸dico? ¿Eh?… ¿de Novedades? Est谩 bien… Ahorita vamos para all谩.

Nom谩s colg贸 el auricular, el viejo Urbano Luna pregunt贸 de qu茅 se trataba la llamada.

Y el polic铆a de guardia se la solt贸 rauda y veloz:

—Dos tipos est谩n bien borrachos, cerca del kiosco de la catedral tirando bala… uno es turista y dicen que el otro es due帽o de un peri贸dico.

—¿De qu茅 peri贸dico?

—Dicen que del peri贸dico Novedades.

Los ojos del comandante casi se le chisparon. Y lanz贸 a gritos la orden a sus elementos de la guardia de prevenci贸n:

—Ni se acerquen. Ya tenemos suficientes problemas como para meternos en otro con el peri贸dico Novedades. Mejor todos permanezcan atentos. A ver, comun铆came con el jefe de la polic铆a preventiva.

Y fue Urbano Luna quien le llam贸 al jefe de la polic铆a preventiva de Acapulco para darle otras instrucciones:

—Mande, por favor, dos o tres de sus patrullas para que est茅n cerca. Quiero que cuiden a ese par de borrachos y que no causen problemas. No los detengan… y si tiran balazos… d茅jelos, est谩n de fiesta…

Del otro lado de la l铆nea, se alcanz贸 a escuchar:

—S铆, se帽or. A la orden.

Cerca del sitio donde estaba “el problema” fueron aparcados tres safaris que tra铆an los distintivos de la Polic铆a Preventiva de Acapulco.

Una se estacion贸 a la puerta del Banco de M茅xico, junto a la catedral. Otro m谩s se aparc贸 frente el viejo Cine Sal贸n Rojo. Otro m谩s en la contraesquina en la tienda de ropa de playa Catalina.

Todos los polic铆as no perd铆an detalle de lo que estaba ocurriendo en aquel viejo kiosko donde muchos a帽os atr谩s Juan R. Escudero arengaba a la poblaci贸n a emanciparse del yugo pol铆tico y buscar m谩s la democracia real y no la fingida que solamente proteg铆a a los ricachones de la 茅poca, la mayor铆a espa帽oles.

No ten铆an ni radios para comunicarse entre s铆, ni pod铆an mandarse se帽al alguna. La 煤nica forma de saber cu谩ndo intervenir era una se帽al que deber铆a hacer el comandante polic铆aco levantando la mano y los lanzara contra los borrachos aquellos.

Pero eso nunca ocurri贸.

La orden fue estricta y clara. Se cumpli贸 al pie de la letra:

—Dejen que se acaben el parque, no me los toque nadie. ¿Que se est谩 juntando m谩s gente? D茅jenlos disfrutar un momento de la velada.

Y Urbano se retir贸 a su casa. La suerte estaba echada.

Unos siete u ocho integrantes de un mariachi que hab铆a sido contratado en las afueras del Bar Tenampa, ubicado en las calles aleda帽as de la gasoliner铆a La Modelo, acompa帽aban al par de escandalosos.

Guitarras, cornetas, violines y el contrabajo rodeaba aquella construcci贸n redonda que hab铆a servido de basti贸n al ilustre Juan R. Escudero para llamar a oponerse a la dictadura que ejerc铆an sobre los ciudadanos y que beneficiaba, exclusivamente, a los ricos especialmente a los comerciantes espa帽oles que eran negreros con los acapulque帽os.

Desde las once de la noche cuando llegaron los borrachos al sitio, se escuchaban canciones y m谩s canciones. Poco a poco se fueron juntando acapulque帽os que sol铆an andar de madrugada en el primer cuadro de la ciudad acapulque帽a.

Los mariachis y la balacera espantaron a zanates y golondrinas que dorm铆an pl谩cidamente en 谩rboles y cables que estaban alrededor de la plaza.

Se pod铆an ver como cinco a seis botellas. Una de Old Parr, el whiskey escoc茅s, y las dem谩s eran de tequila Sauza. La peque帽a banca redonde de aquel viejo kiosko redondo acapulque帽o era el refugio de los dos hombres escandalosos.

Ese mismo kiosko, donde se desarroll贸 esta historia, ser铆a derribado a帽os despu茅s para construir uno m谩s alejado de las puertas de la catedral de La Soledad. Se levantar铆a con material de granito que hab铆a sido donado tras una declaratoria de hermandad entre las ciudades de Tlaquepaque, Jalisco, y Acapulco.

El par de borrachos que ten铆an la balacera en el z贸calo de Acapulco eran primos hermanos. Ambos eran originarios de Dolores Hidalgo, Guanajuato.

En las cuatro o cinco horas que dur贸 la guarapeta, los polic铆as con sus uniformes de color blanco y encerrados en sus Volkswagen Safari fueron los mudos testigos de los hechos y, adem谩s, los vigilantes de que nada les pasara a los dos personajes aqu铆 descritos.

Uno de ellos se dedic贸 a componer canciones y cantar por todo el mundo. Le pidi贸 a su pariente que quer铆a venir a Acapulco en plan de inc贸gnito, donde nadie lo conociera para disfrutar momentos de soledad.

Sab铆a que su destino estaba ya marcado y la Muerte lo esperaba ansiosa para llev谩rselo. Quer铆a despedirse de su pariente y disfrutar, adem谩s, su bebida favorita: el whiskey Old Parr o el tequila Sauza.

El otro se dedic贸 al periodismo. Fund贸 peri贸dicos aqu铆 y all谩. En Acapulco fund贸 Novedades de Acapulco, El Sol de Acapulco y Diario 17, los tres diarios impresos m谩s importantes de la historia del periodismo de Acapulco y Guerrero, p茅sele a quien le pese.

Uno era el cantautor Jos茅 Alfredo Jim茅nez Sandoval.

El otro era el periodista Mauro Jim茅nez Mora.

Gracias, de Jos茅 Alfredo, escrita en el Bar Franz煤a

* Quiso venir de inc贸gnito para Acapulco, sab铆a que morir铆a

* Una metralleta y una pistola 45 rompieron el silencio del z贸calo

* Dos guanajuatenses, con l铆os de faldas, cantaron y bebieron

A los inicios de los setenta, Jos茅 Alfredo ya era famoso. Y Acapulco lo era mucho m谩s a nivel mundial. La historia de ambos era endemoniadamente envidiada por muchos.

A los once a帽os lleg贸 a Ciudad de M茅xico donde desde adolescente empez贸 a componer sus primeras canciones. Su madre abri贸 una peque帽a tienda que no prosper贸, por lo que Jos茅 Alfredo tuvo que contribuir a la econom铆a familiar y desempe帽贸 m煤ltiples oficios, entre ellos, el de camarero.

Fue, adem谩s, jugador de f煤tbol. Particip贸 en aquellos equipos hist贸ricos Oviedo y Marte de la primera divisi贸n de f煤tbol mexicano. Su posici贸n estaba bajo los tres palos. Era portero. Lleg贸 a coincidir con otro compa帽ero de equipo que era chilango y que, a帽os despu茅s, tambi茅n se har铆a muy famoso internacionalmente. Ese era Antonio «La Tota» Carbajal.

El joven compositor fue tambi茅n integrante de un grupo llamado «Los Rebeldes». Hasta que lo descubri贸 Andr茅s Huesca y sus Coste帽os que le grabaron la inolvidable canci贸n “Yo” (su primera canci贸n compuesta por 茅l mismo) y luego tambi茅n la grab贸 Pedro Infante:

“Ando borracho, ando tomado porque el destino cambi贸 mi suerte. Ya tu cari帽o nada me importa, mi coraz贸n te olvid贸 pa’ siempre. Fuiste en mi vida un sentimiento que destroz贸 toditita mi alma. Quise matarme por tu cari帽o, pero volv铆 a recobrar la calma”.

La biograf铆a del cantautor se帽ala que comenz贸 as铆 una fruct铆fera carrera que lo convirti贸 en el m谩s destacado compositor de canciones rancheras en M茅xico; los mejores cantantes e int茅rpretes se disputaban sus temas para incluirlos en su repertorio. Sus melod铆as fueron interpretadas por Jorge Negrete, Pedro Infante, Miguel Aceves Mej铆a, Lola Beltr谩n, Javier Sol铆s y la espa帽ola Mar铆a Dolores Pradera, entre otros.

El 茅xito como compositor y cantante lo llev贸 a una fren茅tica actividad profesional. Adem谩s de dar sus recitales y conciertos, trabaj贸 en el teatro, en la televisi贸n y en la radio, tanto en M茅xico como en el extranjero. En el cine alcanz贸 gran popularidad gracias a cintas como Mart铆n Corona (1950), P贸quer de ases (1952), Guitarras de medianoche (1958) y La feria de San Marcos (1958).

Harto de todo aquello, Jos茅 Alfredo contact贸 por tel茅fono a su primo hermano que dirig铆a el peri贸dico Novedades de Acapulco cuya aventura la hab铆a iniciado un 4 de abril de 1969 con un ej茅rcito de reporteros integrantes de la vieja guardia.

—Primo, quiero ir a Acapulco… pero no quiero llegar a un sitio de lujo. Quiero estar donde pueda disfrutar mi vida, solito. Quiero estar unos d铆as ah铆 en acapulquito, contigo y que bebamos juntos. ¿Me puedes ayudar?

Sin pensarlo dos veces, Mauro Jim茅nez Mora le respondi贸:

—Por supuesto que s铆. Te rento un departamento por donde vivo en Los Palomares (la unidad habitacional Adolfo L贸pez Mateos). Tendr谩s una extraordinaria vista del mar y la puesta del sol que te va a encantar.

Y la petici贸n fue rubricada:

—No quiero que me reconozca nadie. Quiero pasarla de inc贸gnito porque quiero alejarme un poquito de todos. Quiero descansar y apreciar la vida, lo que me queda, solito.

Al colgar el tel茅fono del peri贸dico, Mauro Jim茅nez Mora dio la orden a un fiel escudero que siempre tuvo junto a 茅l. Trabajaba de fot贸grafo en Novedades de Acapulco, peri贸dico que se encontraba all谩 en sus primeras etapas de vida en la avenida Constituyentes. Ese fiel escudero era Jos茅 F茅lix Contreras Arriaga, mejor conocido como Pepe Contreras.

Pepe fue a traerlo al aeropuerto. Y fueron directo al departamento que le rent贸 en la unidad habitacional conocida como “Los Palomares”. Era el lugar perfecto para 茅l. Se trata de un departamento peque帽o, ideal para una persona. Ten铆a de todo en el refrigerador: cerveza, vino, whiskey, tequila y, claro est谩, agua para beber.

Pepe lo llev贸 al mercado a comprar picadas, a comer tacos de bistec, a donde vend铆an mariscos, pero sobre todas las cosas… donde hubiera de beber, donde pudiera embriagarse. Esa fue la piedra de Jos茅 Alfredo. Desde muy joven conoci贸 el arte de la embriaguez y ah铆 inici贸 su problema de salud con la cirrosis hep谩tica. Sab铆a el da帽o, pero sab铆a que estando borracho le daba inspiraci贸n y segu铆a componiendo.

Y una noche, Pepe lo llev贸 al bar Franz煤a donde conoci贸 a La Quica, aquella mujer calentana que era la due帽a del sitio. El bar se encontraba junto al entonces Cine R铆o casi enfrente a lo que era una sucursal bancaria en la avenida Cuauht茅moc.

Una botella de whiskey escoc茅s reinaba en aquella mesa de madera. Era la de Old Parr que se la serv铆a a veces solita y luego con agua de soda. Y entre sorbo y sorbo Jos茅 Alfredo tom贸 una hoja de papel y con l谩piz en mano comenz贸 a escribir algo. Nadie sab铆a qu茅 era.

Pepe Contreras lo recuerda perfectamente:

—¿C贸mo puedo pagar que me quieran a m铆 por todas mis canciones? Ya me puse a pensar y no alcanzo a cubrir tan lindas intenciones. He ganado dinero para comprar un mundo m谩s bonito que el nuestro, pero todo lo aviento porque quiero morirme como muere mi pueblo.

—Yo no quiero saber qu茅 se siente tener millones y millones. Si tuviera con que

comprar铆a para m铆 otros dos corazones. Para hacerlos vibrar y llenar otra vez

sus almas de ilusiones. Y poderles pagar que me quieran a m铆 y a todas mis canciones.

Era “Gracias”, la que ser铆a su 煤ltima composici贸n en vida.

Y la hoja se la guard贸 en la guayabera toda sudada que us贸 esa segunda noche en Acapulco.

Cerca de la medianoche, aquellos biombos que imped铆an la vista interior de la cantina vieron atravesar una figura desgarbada de un hombre alto, de piel blanca y de aspecto bonach贸n. Era Mauro Jim茅nez Mora. Jos茅 Alfredo le pidi贸 sacarlo de ah铆 porque estaban llegando mucha gente m谩s a beber y tem铆a que lo fueran a identificar.

—V谩monos para el z贸calo… all谩 s铆 estaremos solos.

A bordo del Super Bee color rojo que pose铆a Jim茅nez Mora, se subieron su primo y Pepe Contreras. Efectivamente, se fueron al z贸calo.

—脫rale, Pepe… j谩lese por los mariachis… all谩 los esperamos en el kiosko, orden贸 Mauro.

Y Jos茅 Alfredo pidi贸 otra botella de Old Parr…

—Si no tienen Old Parr qu茅 les llevo…

—Un tequilita. Un Tequila Sauza.

A Pepe lo bajaron en la gasolinera para conseguir a los m煤sicos. Y de ah铆 se llev贸 a todos hasta el z贸calo. Algunos, desconfiados, se zafaron de la serenata. El mariachi era como de diez y apenas quisieron llegar seis o siete elementos.

—Oiga, ¿pero de veras nos van a pagar? ¿no nos est谩 haciendo pendejos?

Y Pepe, mesurado, solo respond铆a:

—Tranquilos, no hay pedo en el ejido. All谩 les voy a pagar y bien…

Apenas hab铆an llegado los m煤sicos y ya estaban con la primera de las canciones… El 煤ltimo trago…

—T贸mate esta botella conmigo y en el 煤ltimo trago nos vamos, quiero ver a qu茅 sabe tu olvido sin poner en mis ojos tus manos. Esta noche no voy a rogarte, esta noche te vas de a de veras. Qu茅 dif铆cil tener que dejarte sin que sienta que ya no me quieras.

—Nada me han ense帽ado los a帽os; siempre caigo en los mismos errores. Otra vez a brindar con extra帽os y a llorar por los mismos dolores.

Y luego se cantaron otra docena m谩s de canciones. Y le siguieron con otra docena.

Pepe estaba al pendiente de todo y sab铆a que la botella se terminar铆a luego luego. Entonces le pidi贸 a uno de los ayudantes de los mariachis que fuera al Tenampa y se trajera dos botellas m谩s.

—Ah, pero no te traigas a nadie m谩s. Los que no quisieron acompa帽arnos que se vayan a la chingada.

Llegaron las botellas sustitutas y siguieron m谩s canciones de Jos茅 Alfredo.

El rey, No me amenaces, Amanec铆 en tus brazos, Paloma querida, Caminos de Guanajuato y Un mundo raro fueron algunas. Otras m谩s fueron

Ella, Las Ciudades, V谩monos, La mano de Dios, Serenata huasteca, Te solt茅 la rienda, La noche de mi mal, El Jinete, Los dos generales, Te vas o te quedas, El hijo del pueblo.

Y Jos茅 Alfredo amenaz贸 con usar su pistola 45 cuando se dispon铆a a la siguiente canci贸n.

Entonces, Mauro le pidi贸 a Pepe Contreras que le trajera al “Ni帽o” que tra铆a dentro del Super Bee bien guardadito.

El “Ni帽o” no era otra cosa que una metralleta corta Parabellum nueve mil铆metros. Siempre la llevaba guardada en la cajuela del Super Bee y luego la cambiaba a otro de sus veh铆culos, su Camaro color amarillo.

Comenzaron los mariachis con la canci贸n:

Sonaron cuatro balazos; a las dos de la ma帽ana lo fui a matar en tus brazos.

Sab铆a que ah铆 lo encontraba no creas que alguien me lo dijo; me dio la corazonada. Se me embal贸 la pistola, te salvaste de la muerte, todav铆a no te tocaba o fue tu noche de suerte.

Yo tuve que irme pa’l monte y ah铆 me volv铆 rebelde, yo s茅 que quieren matarme, que la ley me anda buscando. Alg煤n d铆a dar谩n conmigo no s茅 ni d贸nde ni cu谩ndo, pero eso s铆, te lo digo, me pienso morir peleando.

Adi贸s, mujer consentida, se despide tu rebelde. A ti te debo en la vida; estar sentenciado a muerte. Por eso, mientras yo viva.. Mi suerte ser谩 tu suerte.

Y Mauro Jim茅nez y Jos茅 Alfredo Jim茅nez embriagados por el alcohol y los problemas personales, l铆os de faldas, que los aquejaban a ambos comenzaron a tirar balazos hacia el aire.

Las detonaciones provocaron la huida despavorida de centenares de zanates que dorm铆an pl谩cidamente en los 谩rboles que hab铆a en la plaza “Juan N. 脕lvarez” (as铆, con la “N” que todav铆a exist铆a en los libros y escritos de la 茅poca). Tambi茅n volaron los centenares de golondrinas que se agolpaban en los cables que rodeaban la plaza.

¿Qu茅 si no ten铆an problemas ambos primos? Claro que los ten铆an… y muchos. A Mauro casi lo mata su esposa con un batazo que le rompi贸 el brazo por andar de novio. Y Jos茅 Alfredo se mataba solito con cada trago que se echaba al buche.

Y los mariachis segu铆an tocando a la orden del cantante. Y 茅l le segu铆a con su voz…

—No quiero ni volver a o铆r tu nombre, no quiero ni saber a d贸nde vas as铆 me lo dijiste aquella noche, aquella negra noche de mi mal. Si yo te hubiera dicho no te vayas qu茅 triste me esperaba el porvenir. Si yo te hubiera dicho no, no me dejes mi propio coraz贸n se iba a re铆r. Por eso fue que me viste tan tranquilo caminar serenamente bajo un cielo m谩s que azul. Despu茅s ya ves, me aguant茅 hasta donde pude, termin茅 llorando a mares donde no me vieras t煤.

A las primeras luces en el horizonte, Mauro apresur贸 a los m煤sicos y a su primo hermano.

—Ya, v谩monos… ya est谩 amaneciendo…

Y Jos茅 Alfredo le segu铆a:

—Que no somos iguales, dice la gente, que tu vida y mi vida se van a perder, que yo soy un canalla y que t煤 eres decente, que dos seres distintos no se pueden querer, pero yo ya te quise y no te olvido. Y morir en tus brazos es mi ilusi贸n; yo no entiendo esas cosas de las clases sociales, solo s茅 que me quieres y que te quiero yo.

—V谩monos donde nadie nos juzgue, donde nadie nos diga que hacemos mal, v谩monos alejados del mundo donde no haya justicia ni leyes ni nada nom谩s nuestro amor. Si no somos iguales, qu茅 nos importa, nuestra historia de amores tendr谩 que seguir y como alguien me dijo que la vida es muy corta.

Esta vez para siempre yo he venido por ti, pero quiero que sepas que no te obligo, que si vienes conmigo es por amor; di con todas tus fuerzas lo que soy en tu vida pa que veas que me quieres y que te quiero yo

Mauro insist铆a:

—Ya, nos vamos… tienes una cita en el Distrito Federal y tienes que estar ah铆. Ya dejemos de beber… no nos vayamos a morir de cirrosis. A dormir a la cama… dijo el periodista con su metralleta en la mano.

Y el fiel Pepe Contreras le pidi贸 el arma y con mucho cuidado la tom贸 entre sus brazos para llevarla a guardar al veh铆culo del “Chief”.

Todos se aprestaban para irse. Y Jos茅 Alfredo pidi贸 la 煤ltima canci贸n. Obedientes, los mariachis comenzaron a rasgar las guitarras y soplar las cornetas. La voz del guanajuatense son贸 potente:

—No vale nada la vida, la vida no vale nada. Comienza siempre llorando y as铆 llorando se acaba. Por eso es que en este mundo, la vida no vale nada.

Al d铆a siguiente Jos茅 Alfredo lleg贸 a su cita. Dos semanas despu茅s, el 23 de noviembre de 1973, Jos茅 Alfredo mor铆a. Con apenas 47 a帽os de vida, la cirrosis hep谩tica cobr贸 la factura que le deb铆a el compositor y cantante por el abuso del alcohol.

Seg煤n cont贸 Chavela Vargas, amiga 铆ntima de Jos茅 Alfredo, cuando los m茅dicos le dijeron que le quedaban dos meses de vida la llam贸 para «correrse la 煤ltima juerga» juntos en uni贸n del tambi茅n compositor Tom谩s M茅ndez, autor de Cucurrucuc煤.

Estuvieron tres d铆as con sus noches cantando, bebiendo y desmesur谩ndose en El Tenampa, el m铆tico bar de la plaza de Garibaldi, en la capital mexicana.

Despu茅s vino a despedirse de su primo hermano Mauro Jim茅nez y de Acapulco.

Cuentan que cuando Jos茅 Alfredo Jim茅nez falleci贸, Chavela acudi贸 a su velorio y se desplom贸 cantando y llorando, bien borracha.

La m煤sica de Jos茅 Alfredo Jim茅nez arraig贸 profundamente en el gusto popular mexicano. Sus composiciones adquirieron una enorme popularidad gracias a la belleza y simplicidad de sus letras y melod铆as y a la expresi贸n sincera y directa de sentimientos con los que el p煤blico pod铆a sentirse f谩cilmente identificado.

Verdaderamente el compositor supo plasmar, con realismo y emoci贸n contenida, el amor y el desamor, la nostalgia por la vida campesina, y, en definitiva, toda la gama de los sentimientos humanos, incluyendo el odio, la rabia o el desenga帽o, as铆 como la ternura y magia que extra铆a a menudo de cualquier escena en apariencia insignificante de la vida cotidiana.

Despu茅s de esa guarapeta hist贸rica, Mauro Jim茅nez Mora todav铆a fund贸 el peri贸dico El Sol de Acapulco en 1978 y luego Diario 17. Adem谩s, fue jefe de prensa en la delegaci贸n estatal del Instituto Mexicano del Seguro Social. Falleci贸 el 29 abril de 1994 en Acapulco.

El legado del primero est谩 intacto. Todos siguen cantando sus canciones. Les guste o no, las canciones de Jos茅 Alfredo ah铆 se escuchan.

Pero el legado del periodista… se perdi贸. Hoy vive solamente en la memoria de unos cuantos. Todos los peri贸dicos impresos de Novedades de Acapulco y Diario 17 terminaron en la basura. Solamente El Sol de Acapulco est谩 en el edificio de la Organizaci贸n Editorial Mexicana donde supuestamente se digitaliza para poder subirlo a una plataforma en la web y cualquier pueda consultarlo.

Ten铆a raz贸n Pedro Calder贸n de la Barca:

La vida es un sue帽o… ( 饾槍饾樄饾槺饾槼饾槮饾槾饾槳饾槹饾槸饾槮饾槾 饾槑饾樁饾槮饾槼饾槼饾槮饾槼饾槹).

#饾棨饾槀茅饾棻饾棶饾榿饾棽饾棙饾椈饾棖饾棶饾榾饾棶. 馃彙 馃挋

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