Fred Álvarez ¡Silencio, señores! Que no se escuche más que el eco de su congruencia. Mi entrañable amigo, el periodista Jorge Meléndez, ha partido. Hoy, la redacción del cielo gana una pluma valiente y un caballero de la palabra, pero aquí abajo, entre el asfalto y el olor a tinta, nos quedamos con una orfandad que cala hondo. ¡Qué pena siente el alma, neta! Jorge no fue solo un periodista en la extensión de la palabra; fue, ante todo, un maestro de la resistencia. En tiempos donde la verdad se suele subastar al mejor postor, él se mantuvo erguido, con esa mirada aguda que sabía desmenuzar la realidad política de nuestro México sin perder jamás la calidez humana. Compartimos espacios, análisis y, sobre todo, esa pasión innegociable por la justicia social. Recordarlo es volver a las mesas de debate, a su análisis certero en la radio y a esa capacidad suya de decir las verdades más crudas con la elegancia de quien conoce bien su oficio. Caminamos juntos la aventura de da...