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Jos茅 Antonio Rivera Rosales
La irrupci贸n violenta en Chilpancingo el pasado lunes 10 de julio parece constituir, seg煤n toda la evidencia, un ensayo del grupo Los Ardillos para medir la respuesta gubernamental ante el avance de la criminalidad.
Sin embargo, en este caso particular el trasfondo parece ser de tipo electoral, para lo cual primero captaron la atenci贸n de la incauta alcaldesa Norma Otilia Hern谩ndez, a quien terminaron por convertir en un producto desechable.
Lo mismo est谩 haciendo La Familia con algunos alcaldes de Tierra Caliente, operaci贸n que incluye al municipio de Iguala as铆 como al tur铆stico Taxco de Alarc贸n, donde el acoso delincuencial oblig贸 a suspender servicios a la ciudadan铆a, lo que nunca hab铆a ocurrido.
Estamos presenciando una escalada delincuencial que busca hacerse del poder pol铆tico, visto que en la mayor铆a de los casos ya tiene el control territorial que les permite contar con el respaldo de algunos sectores de la poblaci贸n -en la mayor铆a de los casos, como base social obligada-, lo que les garantiza operatividad e impunidad para sus objetivos.
As铆 pues ¿qu茅 les impide tomar el poder pol铆tico si la mayor铆a de los actores -de todos los partidos pol铆ticos, por cierto- est谩n comprometidos con el narco?
Ya vimos este proceso en Colombia, donde el capo Pablo Escobar logr贸 infiltrar el poder pol铆tico y obtuvo una cartera en el parlamento; estaba a punto de lanzarse a la presidencia cuando fue detenido por el gobierno colombiano, que integr贸 bloques de b煤squeda para darle caza, m谩s obligado por su relaci贸n con Washington que por inter茅s propio.
Escobar fue uno de los pioneros en el uso de carros-bomba y explosivos para causar miedo entre sus enemigos, pero tambi茅n entre la poblaci贸n. Es un escenario que ya se est谩 presentando en M茅xico en la forma de narcoterrorismo. S贸lo habr铆a que revisar el reciente ataque con explosivos que caus贸 al menos 6 polic铆as muertos y 12 heridos en Tlajomulco, Jalisco.
Constitu铆do en el a帽o 2000 por Celso Ortega Rosas, a quien apodaban precisamente El Ardillo ( muri贸 en 2011), ese grupo criminal tuvo un crecimiento vertiginoso de la mano de Celso Ortega Jim茅nez, jefe visible de esa formaci贸n ilegal que se ha reputado como una de las m谩s sanguinarias del estado de Guerrero. En 20 a帽os ha cimentado un imperio criminal que ahora parece aspirar al poder pol铆tico.
El 煤nico antecedente parecido de una incursi贸n violenta de grupos afines a Los Ardillos se produjo del 9 al 14 de mayo de 2015 en Chilapa, cuando unos 300 hombres armados, que se hicieron llamar Comunitarios por la paz y la justicia (en realidad, un grupo de fachada de esa estructura criminal) irrumpieron en Chilapa, tras lo cual desaparecieron unas 30 personas que nunca fueron vistas de nuevo. Como es natural, la operaci贸n caus贸 espanto entre la pac铆fica poblaci贸n de Chilapa.
Guardadas las distancias, esa incursi贸n de 300 sujetos armados -que en realidad buscaba al grupo delictivo Los Rojos– ser铆a un antecedente que expone las t谩cticas de ese grupo delincuencial. Lo ocurrido en Chilpancingo los d铆as 9, 10 y 11 parece ser una fase superior que configurar谩 la actuaci贸n a futuro de esos criminales.
Cuesti贸n aparte, aquella incursi贸n en Chilapa desencaden贸 reacciones de la poblaci贸n civil, especialmente de algunos pueblos y comunidades n谩huatls que vieron amenazadas su vida y su patrimonio.
Una lectura m谩s acuciosa de los acontecimientos podr铆a enumerarse de la siguiente manera:
A contrapelo de lo que dice el obispo em茅rito Salvador Rangel, este grupo criminal de Los Ardillos en los 煤ltimos 20 a帽os ha sido el azote de las comunidades del centro del estado, especialmente de los pueblos ind铆genas a los que ha encerrado en sus propias localidades so pena de perder la vida si act煤an de manera independiente. En pocas palabras, ha tomado el control territorial de varios municipios de la zona centro, donde ha extorsionado, secuestrado y asesinado a cientos de personas.
Para defenderse, una veintena de comunidades n谩huatls de la zona de Rincon de Chautla se organizaron y, con apoyo de los pueblos fundadores de la Polic铆a Comunitaria de San Luis Acatl谩n, crearon su propio 贸rgano de autodefensa que, hasta la fecha, ha mantenido a raya a los criminales, pero a un alto costo. M谩s de 40 personas han perdido la vida por enfrentarlos. El resultado es la integraci贸n de la CRAC-PF, que ha confrontado a los delicuentes con relativo 茅xito. El problema es que esas 20 comunidades organizadas en la CRAC-PF sobreviven en un estado de sitio permanente.
Adem谩s de la CRAC-PF, la Uni贸n de Pueblos y Organizaciones del Estado de Guerrero (UPOEG) es la otra formaci贸n popular que ha confrontado a Los Ardillos por el control del territorio cercano a Chilpancingo, especialmente la carretera M茅xico-Acapulco a la altura del Valle del Ocotito. Es absolutamente una mentira que la UPOEG act煤a en complicidad con los delincuentes.
Parece existir una instancia interna en el gobierno de Evelyn Salgado (probablemenge en la Secretar铆a General de Gobierno) que ha definido falsamente a la UPOEG como aliada de la delincuencia, cuando no es as铆. Esa formaci贸n surgi贸 en 2010 como una respuesta popular armada ante el acoso del crimen organizado. Que no est谩n dentro de la ley, por supuesto que no (ni siquiera existe una legislaci贸n que pudiera reglamentarlos), pero son liderazgos populares que han enfrentado al crimen organizado, como en el caso de la CRAC-PF.
Es por eso que sorprendi贸 que, con informaci贸n tendenciosa, las Fuerzas Federales comenzaron a detener y desarmar a los comunitarios de la UPOEG, como si del crimen organizado se tratara. La UPOEG tambi茅n ha perdido a decenas de sus elementos, inclu铆dos algunos l铆deres populares valiosos.
Tanto la CRAC-PF como la UPOEG debieran contar con apoyo de los gobiernos federal y estatal si es que se pretende, en lo sucesivo, acotar las incursiones de Los Ardillos.
La mala noticia es que hay indicios firmes que apuntan a un acuerdo entre La Familia y Los Ardillos, como se observ贸 claramente los d铆as 9, 10 y 11 de julio con los ataques contra transportistas as铆 como la manifestaci贸n violenta que enfrent贸 a la polic铆a antimotines y utiliz贸 un veh铆culo blindado como ariete contra las puertas del Palacio de Gobierno y del Congreso del Estado. Los manifestantes no actuaron como inconformes sociales, sino como una horda.
Por fortuna, el gobierno de la morenista Evelyn Salgado tom贸 la precauci贸n de enviar 300 agentes desarmados para tratar de contener la rebeli贸n y desocup贸 los edificios p煤blicos con el fin de preservar la integridad personal de los trabajadores del estado y del municipio. De no haberlo hecho, a estas alturas estar铆amos lamentando un nuevo Aguas Blancas.
Es claro que las formaciones criminales tienen planes que involucran el proceso electoral de 2024. Por eso es tan grave que surja una alianza entre La Familia y Los Ardillos, que de esa manera buscar谩n influir en el proceso electoral con candidatos propios y mantendr谩n atenazada a la capital guerrerense.
La aplicaci贸n de la ley, en estos casos, es irreductible y no deber铆a ser vista como un acto de represi贸n. Es una responsabilidad que, dadas las circunstancias, corresponde a las Fuerzas Federales as铆 como a la Fiscal铆a General del Estado (FGE).
En la parte alta de la Sierra Madre del Sur, los jefes de la formaci贸n conocida como Tlacos (de Tlacotepec, donde tienen su cuna) han observado con coraje contenido el avance de sus enemigos para tomar control de Chilpancingo, pero por fortuna han mantenido una prudente distancia para evitar choques armados. Esa actitud, sin embargo, no durar谩 mucho tiempo.
Los Tlacos no han mostrado el m煤sculo, pero en realidad cuentan con una fuerza armada de m谩s de cinco mil individuos a los que han entrenado durante a帽os con el apoyo de exmilitares, lo que les permiti贸 crear una fuerza especial de elite que har铆a estragos si se llega a confrontar con los sicarios de Los Ardillos o de La Familia.
Este es el escenario que deber谩n afrontar en un futuro mediato los gobiernos federal y estatal. Y es el escenario que favoreci贸 la alcaldesa de Chilpancingo al reunirse con capos de formaciones criminales enfrentadas.
Es un futuro en el que particularmente el gobierno de Evelyn Salgado deber谩 tomar todas las providencias necesarias para enfrentar al crimen organizado que, en un abierto desaf铆o, amenaza la paz social y la tranquilidad de la poblaci贸n civil que s贸lo se dedica a trabajar.
Tal como se observan las cosas, la alcaldesa Norma Otilia Hern谩ndez parece haber vendido la plaza dos veces, con consecuencias que apenas podemos vislumbrar. Dios nos libre de una confrontaci贸n entre estas bandas criminales. (饾槾饾槳饾槸饾樀饾槮饾槾饾槳饾槾饾槬饾槮饾槰饾樁饾槮饾槼饾槼饾槮饾槼饾槹.饾槫饾槹饾槷.饾槷饾樄).
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