饾棓饾椆饾棿饾椉 饾棤谩饾榾 饾棨饾槀饾棽 饾棧饾棶饾椆饾棶饾棷饾椏饾棶饾榾

饾樇饾櫍饾櫓饾櫄 饾櫄饾櫋 饾櫂饾櫎饾櫍饾櫓饾櫀饾櫆饾櫈饾櫎 饾櫃饾櫄 饾櫋饾櫎饾櫒 饾櫈饾櫍煤饾櫓饾櫈饾櫋饾櫄饾櫒 饾櫄饾櫍饾櫅饾櫑饾櫄饾櫍饾櫓饾櫀饾櫌饾櫈饾櫄饾櫍饾櫓饾櫎饾櫒
 
 “饾槍饾槾 饾槫饾槳饾槮饾槼饾樀饾槹 饾槻饾樁饾槮 饾槸饾樁饾槮饾槾饾樀饾槼饾槩饾槾 饾槷饾槮饾槸饾樀饾槮饾槾 饾槾饾槮 饾槷饾樁饾槸饾槬饾槳饾槩饾槶饾槳饾樆饾槩饾槸, 饾槺饾槮饾槼饾槹 饾槸饾樁饾槮饾槾饾樀饾槼饾槹饾槾 饾槫饾槹饾槼饾槩饾樆饾槹饾槸饾槮饾槾 饾槸饾槹 饾槾饾槮 饾樁饾槸饾槮饾槸 饾槩 饾槹饾樀饾槼饾槹饾槾; 饾槻饾樁饾槮 饾槮饾槾 饾槶饾槹 饾槻饾樁饾槮 饾槮饾槸 饾槼饾槮饾槩饾槶饾槳饾槬饾槩饾槬, 饾槸饾槹饾槾 饾槱饾槩饾槫饾槮 饾槮饾槸饾樀饾槮饾槸饾槬饾槮饾槼饾槸饾槹饾槾 饾樅 饾槩饾樀饾槮饾槸饾槬饾槮饾槼饾槸饾槹饾槾, 饾槫饾槹饾槷饾槹 饾槫饾槳饾樁饾槬饾槩饾槬饾槩饾槸饾槹饾槾 饾槬饾槮 饾槪饾槹饾槸饾槬饾槩饾槬饾槮饾槾 饾樅 饾樂饾槳饾槼饾樀饾樁饾槬饾槮饾槾”.

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V铆ctor CORCOBA HERRERO/ Escritor Espa帽ol
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La guerra entre nosotros es una enfermedad a la que hay que poner sanaci贸n. No tiene sentido caminar solos, cuando nos mueve el mismo andar y nos conmueve id茅ntico horizonte. Est谩 bien conciliar aires y reconciliar navegaciones, para sumar remos y abrazar historias que nos fraternicen. Para desgracia nuestra, en diversos territorios resurgen pugnas y viejas divisiones que se cre铆an en parte superadas. En consecuencia, reconozco que es m谩s necesario que nunca, modificar comportamientos y actitudes, ponerse de servicio y trabajar la concordia como abecedario de luz. Seguramente, tambi茅n los consejos de seguridad, deban redoblar sus esfuerzos para achicar las violaciones colectivas, la esclavitud sexual y otras formas de terror, utilizadas como t谩ctica de ataque, para someter y desplazar a las poblaciones. Abandonemos las luchas y protejamos la autosatisfacci贸n de uno mismo, ser谩 un buen prop贸sito.
Necesitamos vernos, seguramente de otro modo y manera, conocernos y reconocernos m谩s aut茅nticos y transparentes, para aminorar las tensiones y cualquier amenaza que nos torture. Est谩 visto que cuanto m谩s dure este ambiente desolador y enfermizo, m谩s se enraizar谩 en la especie el veneno y las repercusiones ser谩n impredecibles. Sin duda, hay que llamar al orden con la ayuda humanitaria, que es lo que realmente aglutina simpat铆as y no antipat铆as, convencerse de que tampoco tenemos que dejarnos vencer por la maldad, tomar la visi贸n solidaria sobre la salud humana y planetaria, sabiendo que, frente a la multitud de crisis, nos queda el di谩logo sincero y escucharnos m谩s, no como un mero objeto productivo, sino como un ser en donaci贸n colectiva, de participaci贸n y de no resignarse, aunque para ello tengamos que enfrentarnos personalmente. 
En efecto, somos gente de acci贸n, pero no podemos trabajar bajo el ca帽贸n de la desconfianza, requerimos el saneamiento de nuestros interiores, no para hacer un espect谩culo, sino simplemente para desterrar de nosotros el orbe del sufrimiento, que est谩 ah铆 en cualquier esquina del camino. Tampoco podemos cerrar el o铆do al grito de tantos seres indefensos que resisten absurdas batallas, que suelen comenzar en nuestras propias familias, soportando el maltrato de una atm贸sfera social, empedrada por el odio y la venganza. Indudablemente, la globalizaci贸n est谩 provocando un insistente desvelo de paralelismo, que va a inducir hacia multitud de oposiciones. Es cierto que nuestras mentes se mundializan, pero nuestros corazones no se unen a otros; que es lo que en realidad, nos hace entendernos y atendernos, como ciudadanos de bondades y virtudes.
 Desde luego, el 煤nico medio de evitar este tipo de situaciones bochornosas pasa por favorecer el encuentro y por establecer un final para el combate. En cualquier conflicto, para acabar con 茅l, es necesario mirarse a los ojos, practicar el coraz贸n y sentir que el amor conjuga los latidos. Al fin y al cabo, todo se defiende con la raz贸n y no con las armas. Sin ir m谩s lejos, ah铆 tenemos la guerra de Ucrania, que amenaza con desencadenar una carrera armament铆stica mundial. Cuanto m谩s dure esta ofensiva, ser谩n m谩s peligrosas sus secuelas, incluida la posibilidad de un conflicto m谩s amplio, lo que nos demanda un cambio en el obrar, que no se sustente en la fuerza, sino que sea fruto de la victoria sobre nosotros mismos, sobre las potencias de las perversidades que nos desfiguran totalmente. Sin duda, otro mundo es posible cuando dos se entregan y hacen hogar.
Sea como fuere, la toxina de los contagios inhumanos nos viene deshumanizando, desde hace bastante tiempo; hasta el extremo, que nos hace falta volver a reencontrar el camino de lo arm贸nico. Es una cuesti贸n crucial. Los malditos intereses mundanos lo subordinan todo a su capricho; al deseo de los poderosos, mientras la desigualdad est谩 cada d铆a m谩s incrustada en la arquitectura financiera internacional, lo que acrecienta este c铆rculo vicioso, verdaderamente desolador en su propagaci贸n. Tanto es as铆, que el germen no puede ser m谩s virulento. S贸lo hay que ver que la mitad de la humanidad vive en pa铆ses que se ven obligados a padecer el virus m谩s tormentoso, pues se sienten forzados a gastar m谩s en el servicio de su deuda que en salud y educaci贸n, lo que significa nada menos que un desastre para el desarrollo. Ojal谩 aprendamos a reprendernos en el curso de la vida, con la pujanza del esp铆ritu y la toma de conciencia en valores. Toca, pues, ¡despertar!
corcoba@telefonica.net
19 de julio de 2023.-

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