𝗖𝗼𝗺𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗶á𝗹𝗼𝗴𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗺𝗶𝗴𝗼 𝗺𝗶𝘀𝗺o


 

 

𝙇𝙖𝙨 𝙛𝙖𝙡𝙨𝙚𝙙𝙖𝙙𝙚𝙨 𝙘𝙖𝙙𝙪𝙘𝙖𝙣,

𝙨ó𝙡𝙤 𝙡𝙖 𝙘𝙚𝙧𝙩𝙚𝙯𝙖 𝙥𝙚𝙧𝙨𝙞𝙨𝙩𝙚

 

(𝘗𝘰𝘳 𝘭𝘰𝘴 𝘧𝘳𝘶𝘵𝘰𝘴 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦 𝘦𝘭 á𝘳𝘣𝘰𝘭 𝘥𝘦𝘭 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘺 𝘱𝘰𝘳 𝘴𝘶 𝘣𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴𝘵𝘢𝘳 𝘴𝘦 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤𝘦 𝘭𝘢 𝘴𝘰𝘮𝘣𝘳𝘢 𝘣𝘰𝘯𝘥𝘢𝘥𝘰𝘴𝘢, 𝘲𝘶𝘦 𝘯𝘰𝘴 𝘢𝘯𝘪𝘮𝘢 𝘺 𝘳𝘦𝘢𝘯𝘪𝘮𝘢 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘱𝘦𝘳𝘢𝘯𝘻𝘢 𝘺 𝘤𝘢𝘳𝘪𝘥𝘢𝘥. 𝘊𝘰𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘪𝘦𝘯𝘥𝘰 𝘢𝘣𝘳𝘢𝘻𝘢𝘥𝘰𝘴 𝘢 𝘭𝘢 𝘤𝘳𝘶𝘻 𝘳𝘦𝘥𝘦𝘯𝘵𝘰𝘳𝘢, 𝘵𝘰𝘮𝘢𝘮𝘰𝘴 𝘦𝘭 𝘩á𝘭𝘪𝘵𝘰 𝘮í𝘴𝘵𝘪𝘤𝘰; 𝘭𝘰 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘮𝘰𝘴 𝘶𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘺 𝘳𝘦𝘶𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘫𝘶𝘯𝘵𝘰 𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘥𝘰𝘯𝘦𝘴 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘢𝘯𝘵𝘰 𝘦𝘴𝘱í𝘳𝘪𝘵𝘶, 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘴 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘦 𝘯𝘢𝘤𝘦 𝘺 𝘴𝘦 𝘳𝘦𝘯𝘢𝘤𝘦 𝘭𝘢 𝘳𝘢í𝘻 𝘥𝘦𝘭 𝘢𝘶𝘵é𝘯𝘵𝘪𝘤𝘰 𝘳𝘪𝘵𝘮𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘮𝘢, 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘷𝘰𝘭𝘷𝘦𝘳𝘯𝘰𝘴 𝘱𝘳ó𝘹𝘪𝘮𝘰𝘴 𝘢𝘭 𝘱𝘳ó𝘫𝘪𝘮𝘰, 𝘦𝘯 𝘳𝘦𝘭𝘢𝘤𝘪ó𝘯 𝘢𝘳𝘮ó𝘯𝘪𝘤𝘢 𝘭𝘰𝘴 𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘰𝘴 𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴).

 

 

𝗜.- 𝗟𝗔 𝗩𝗘𝗥𝗗𝗔𝗗 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗦 𝗩𝗘𝗥𝗗𝗔𝗗𝗘𝗦:

𝗣𝗘𝗥𝗠𝗔𝗡𝗘𝗖𝗘𝗥 𝗘𝗡 𝗘𝗟 𝗦𝗘Ñ𝗢𝗥 𝗦𝗜𝗘𝗠𝗣𝗥𝗘

 

El que persevera en Jesús, se vive

y se revive en cada instante de sol

nuevo, se siente libre como el aire,

despojado de este mundo prosaico,

para ser devuelto al cielo en verso.

 

Sustentarse en Cristo es vaciarse,

es negarse a ser lo que afloramos,

es abandonarse de todo lo trivial,

para recogerse y escuchar su voz,

seguir su huella de verdad y vida.

 

Como los sarmientos sin la planta,

nada somos sin nuestro Redentor;

necesitamos de la viña del verbo,

para crecer y recrearnos de savia,

para persistir y dar obras de amor.

 

𝗜𝗜.- 𝗟𝗔 𝗦𝗔𝗩𝗜𝗔 𝗗𝗘 𝗟𝗔𝗦 𝗦𝗔𝗩𝗜𝗔𝗦:

𝗨𝗡𝗚𝗜𝗗𝗢𝗦 𝗣𝗢𝗥 𝗘𝗟 𝗘𝗦𝗣Í𝗥𝗜𝗧𝗨 𝗦𝗔𝗡𝗧𝗢

 

Que el Señor nos haga reconocer,

que no florecemos para sí mismo,

y que nos notifique esta sabiduría,

para que perseveremos junto a Él,

con la unción que nos hace leales.

 

Habitar en su palabra nos irradia,

la paz que requerimos para estar,

y el amor que buscamos para ser.

Es nuestra identidad como poetas:

avivar poemas y reavivar glorias.

 

El gozo de ser pulso nos enaltece,

nos concibe más poesía que poder,

nos encamina al camino del bien,

vadeando por las predestinaciones,

con el testimonio de la luz divina.

 

𝗜𝗜𝗜.- 𝗘𝗟 𝗔𝗠𝗢𝗥 𝗗𝗘 𝗟𝗢𝗦 𝗔𝗠𝗢𝗥𝗘𝗦:

𝗜𝗡𝗩𝗘𝗦𝗧𝗜𝗗𝗢𝗦 𝗣𝗢𝗥 𝗟𝗔 𝗖𝗘𝗣𝗔 𝗦𝗔𝗡𝗧𝗔

 

El Crucificado nos rodea a su albor,

es el pan de vida que nos alimenta,

y la vid existencial que nos alienta;

sólo hay que perpetuarse a su vera,

y desertar de este mundo tenebroso.

 

Nada pasa, todo prosigue en Jesús;

porque influye la fuerza espiritual,

que se nos ha donado en plenitud,

para acoger las grafías del paraíso,

y para recoger en loa la comunión.

 

Otorgando nuestra propia energía,

a la voluntad celeste nos subimos;

crecemos a la llamada vivificados,

previo desobedecer a lo malévolo,

y obedecer a quien se ha entregado.  

Víctor CORCOBA HERRERO

corcoba@telefonica.net

27 de abril de 2024.-
#𝘝𝘰𝘵𝘢𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘢𝘴🗳️

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sacados 3 del "Bar Bar" tirados al río Huacapa

𝗣𝗮𝘁𝗿𝗶𝗰𝗶𝗼 𝙏𝙞𝙘𝙝𝙤 𝗢𝗹𝗲𝗮 𝗚𝗼𝗻𝘇á𝗹𝗲𝘇

Efemérides