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V铆ctor CORCOBA HERRERO/ Escritor Espa帽ol
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Hay que evitar el precipicio destructivo, huyendo de los anzuelos interesados, para volver a ser m谩s alma que cuerpo, que es lo que nos injerta el rescate, abri茅ndonos a la puerta existencial que nunca fenece. Despoj茅monos pues de usuras materialistas, trabajemos con la fuente de la esperanza, que es la que nos sacia de visiones saludables, superando el miedo y el aislamiento. Seamos ciudadanos de paz, gentes de palabra, poemas expresivos que crean puentes de solidaridad y no derraman penas, sino gozos. La cruz, entonces, si la llevamos todos unidos y la elevamos juntos, se har谩 m谩s llevadera, en un c谩ntico an铆mico de concordia que nos lleve al abrazo continuo y a la sanaci贸n perpetua. Con esta fuerza interior, que viene de la comuni贸n de pulsos, todo se sobrelleva arm贸nicamente, hasta transformarnos en ofrenda l铆rica y en cauce de silencio.

Indudablemente, con el buen callar es como nos superamos; puesto que para hacerse o铆r, muchas veces hemos de mantener la boca cerrada. En cualquier caso, s贸lo hay que observar que cuando vienes al mundo, lloras; y, cuando mueres, el mundo guarda paz. Esa quietud es la que ahora nos hace falta para repensar y trazar otros horizontes vivientes. Hay que derribar las batallas y reconstruir el reino de lo aut茅ntico, que no es otro que el mejor tono y el excelente timbre de la poes铆a, jam谩s del poder, que todo lo mercantiliza; en vez de rehacernos a la m铆stica, y no al abismo de la indiferencia, que consiste en estar bien informados, pero no en sentir la realidad de los dem谩s. Esto nos demanda, con urgencia, liberarnos de la mundanidad y desmembrarnos de la ceguera, que no custodia nada m谩s que adjetivos. Ojal谩 el esp铆ritu nos siga hablando, para poder enmendarnos, y lograr salir de esta naturaleza malvada.

La desconfianza y la divisi贸n mundiales han aumentado. Desde luego, el fin de las hostilidades entre continentes aliviar铆a las tensiones. Ciertamente, las guerras son crueles y una guerra nuclear nunca puede ganarse, porque la muerte es la negaci贸n de nuestra percusi贸n, que sue帽a con estar cultivando el verso, a pesar de soportar una riada de sufrimientos inaguantables, a causa de las contiendas. Considero crucial que actuemos de manera colectiva y contundente, porque somos hijos del afecto y no del odio como efecto, o de la voluntad donante y no mercantilista como consecuencia. La naciente poes铆a a la que pertenecemos como 谩rbol vivo, nos llama a la bondad y a la verdad, a ser cantautores celestes. Para empezar, nos hace falta un nuevo c贸digo 茅tico, una est茅tica racional que nos socialice, como condici贸n previa para un nuevo reaparecer, bajo el trono de la clarividencia y el trino de la claridad.

Por desgracia, nuestro cosmos es una zona profundamente ensombrecida. Al pobre no se le escucha, molesta porque nos llama a m谩s justicia y a compartir. Adem谩s, solemos levantar muros, en lugar de activar el culto al abrazo sincero, haci茅ndonos que nos encerremos en nosotros mismos, con actitudes de superioridad y de desprecio hacia nuestros semejantes, cuando nadie es m谩s que nadie, ni menos que ninguno. El momento nos llama a recogernos para acogernos unos a otros, descubriendo que el apego y la paz son posibles a trav茅s de otros lenguajes m谩s puros, m谩s despose铆dos, m谩s fehacientes en suma. Quiz谩s el pin谩culo del orgullo nos impida ver las diversas situaciones, lo que precipita en un abismo de males, que nos est谩n empedrando nuestro interior, hasta dejarnos en la absoluta necedad inhumana, de no rechazar la violencia y de obrar como monstruos entregados al instinto del le贸n. 

Por otra parte, tambi茅n hay que rescatar del abismo a la biodiversidad. El orbe natural se enfrenta a un peligroso declive y alrededor de un mill贸n de especies est谩n amenazadas. Precisamente, en un universo tan hiperconectado a d铆a de hoy, la existencia de pueblos ind铆genas en aislamiento voluntario, tienen una estricta dependencia con su entorno ecol贸gico, que cualquier cambio en su h谩bitat com煤n puede perjudicar tanto la supervivencia individual como la estabilidad de todo su grupo. No olvidemos que los pueblos aut贸ctonos han heredado y practican sapiencias y formas singulares de relacionarse con la gente y el medio ambiente. Estoy convencido que les necesitamos para conseguir un planeta m谩s habitable, aunque a lo largo de la historia, tambi茅n sus derechos hayan sido violados. Al fin y al cabo, todos somos un gran enigma y un gran abismo que s贸lo el AMOR ilumina y colma. Practiqu茅moslo, coraz贸n a coraz贸n. 
corcoba@telefonica.net
07 de Agosto de 2024.-
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