Padrinazgo 𝙘𝙧ó𝙣𝙞𝙘𝙤 en libertad y aprendizaje trabajo acelerado

𝙍𝙤𝙜𝙚𝙡𝙞𝙤 𝘼𝙜𝙪𝙨𝙩í𝙣 𝙀𝙨𝙩𝙚𝙗𝙖𝙣

Un medio que generosamente me abrió las puertas y permitió publicar mis primeras notas, en marzo de 1997 fue éste, 𝙇𝙖 𝘾𝙧ó𝙣𝙞𝙘𝙖, 𝙑𝙚𝙨𝙥𝙚𝙧𝙩𝙞𝙣𝙤 𝙙𝙚 𝘾𝙝𝙞𝙡𝙥𝙖𝙣𝙘𝙞𝙣𝙜𝙤.
Estudiaba el segundo grado de la carrera en Ciencias de la Comunicación, tenía 21 años y me despedía de una breve incursión en el activismo universitario.
Era bueno en la organización de actividades estudiantiles y parecía escalar rápido, pero el oficio reporteril me llamaba y nunca me hubiera perdonado tomar un camino diferente.
En las páginas de este vespertino publiqué trabajos como la masacre de los 11 mixtecos asesinados en El Charco y el surgimiento de la última organización guerrillera que operó en la entidad.
Por circunstancias personales viví la noche en que
El Huracán Paulina devastó al puerto de Acapulco y le di seguimiento al proceso electoral de 1999.
Ahí encontré apertura, tuve un amplio margen de libertad para difundir información relacionada con las fuentes que quise cubrir, me dejaron ser y nunca tuve limitantes.
Ahí me acostumbré a tener un ritmo de trabajo acelerado, había que reportear muy temprano, redactar contra el reloj y mandar vía fax para no perder tiempo en el traslado hasta las oficinas, ya que el periódico impreso circulaba a más tardar entre 4 y 5 de la tarde.
Cuando tomé una corresponsalía nacional ya se me facilitaba mucho emitir las notas casi en cuanto se generaban los hechos, el hábito de sintetizar en cuestión de minutos lo tenía muy trabajado.
... siempre estaré agradecido con el equipo editorial, los compañeros que se convirtieron en amigos y desde luego, el padrinazgo de don 𝗝𝗮𝘃𝗶𝗲𝗿 𝗙𝗿𝗮𝗻𝗰𝗶𝘀𝗰𝗼.
Un gran abrazo y reconocimiento para él.
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#𝘌𝘹𝘪𝘨𝘪𝘳𝘭𝘦𝘊𝘭𝘢𝘶𝘥𝘪𝘢𝘤𝘶𝘮𝘱𝘭𝘢.

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