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En el corazรณn de la infraestructura energรฉtica de Mรฉxico circulan diariamente miles de pipas que transportan materiales peligrosos. Su trรกnsito, silencioso pero constante, representa una tensiรณn permanente entre la eficiencia logรญstica y la posibilidad del desastre. Cada kilรณmetro recorrido por estas unidades es una apuesta: ¿llegarรกn sin incidentes o detonarรกn una tragedia?
La explosiรณn en el Puente de la Concordia no fue una excepciรณn, sino una manifestaciรณn de lo que ocurre cuando el Estado abdica de su responsabilidad de fiscalizar, cuando las empresas priorizan el costo sobre la vida, y cuando la ciudadanรญa es reducida a espectadora de su propia vulnerabilidad. El evento revela fallas en la cadena de seguridad: mantenimiento deficiente, operadores mal capacitados, protocolos inexistentes o inoperantes, y una cultura empresarial que ve los seguros como trรกmites, no como compromisos รฉticos.
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La legislaciรณn mexicana exige que los vehรญculos tipo pipa cuenten con seguros de Responsabilidad Civil y Responsabilidad Ambiental. Ademรกs, la Agencia de Seguridad, Energรญa y Ambiente (ASEA) demanda estudios de Pรฉrdida Mรกxima Probable para determinar el monto de cobertura adecuado. Sin embargo, la pregunta no es quรฉ se exige, sino quรฉ se cumple. ¿Quiรฉn verifica que las pรณlizas estรฉn activas, que los montos sean suficientes, que los operadores conozcan los protocolos?
Los seguros, en este contexto, deberรญan ser mรกs que herramientas financieras. Deberรญan ser rituales de cuidado, actos de previsiรณn รฉtica, compromisos con la vida, el territorio y la justicia ambiental. Pero cuando se contratan sin conciencia, sin fiscalizaciรณn y sin cultura de prevenciรณn, se convierten en simulacros administrativos que no detienen el fuego ni reparan el daรฑo.
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La tragedia del 10 de septiembre exige una transformaciรณn profunda. No basta con revisar pรณlizas o sancionar a una empresa. Es necesario construir una cultura de prevenciรณn que reconozca que el transporte de materiales peligrosos no es una actividad tรฉcnica, sino una responsabilidad social, ambiental y comunitaria. Las empresas deben asumir su papel como actores รฉticos, transparentes y dialogantes. El Estado debe fiscalizar con rigor, no con burocracia. Y la ciudadanรญa debe ser informada, protegida y escuchada.
La prevenciรณn no puede ser un apรฉndice de la operaciรณn logรญstica. Debe ser su fundamento. Cada pipa que circula sin protecciรณn suficiente es una bomba rodante. Y cada pรณliza contratada con conciencia es una promesa de cuidado.
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La explosiรณn dejรณ mรกs que vรญctimas fรญsicas. Dejรณ miedo, indignaciรณn, incertidumbre. Dejรณ una herida abierta en el tejido simbรณlico de la ciudad. En Iztapalapa, donde la precariedad convive con la resistencia, el fuego no solo quemรณ estructuras: quemรณ la confianza. La ciudadanรญa exige respuestas, justicia, reparaciรณn y garantรญas de no repeticiรณn. Y esas garantรญas no se construyen con discursos, sino con acciones concretas, con polรญticas pรบblicas que reconozcan que la seguridad no es un privilegio, sino un derecho.
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*๐™‹๐™š๐™ง๐™ž๐™ค๐™™๐™ž๐™จ๐™ฉ๐™–, E-mail periodistaaaguilar@gmail.com
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