饾棓饾椆饾棿饾椉 饾棤谩饾榾 饾棨饾槀饾棽 饾棧饾棶饾椆饾棶饾棷饾椏饾棶饾榾


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“饾槞饾槮饾槫饾槩饾槺饾槩饾槫饾槳饾樀饾槩饾槼 饾槾饾槹饾槪饾槼饾槮 饾槶饾槩 饾槮饾樄饾槺饾槳饾槼饾槩饾槫饾槳贸饾槸, 饾槩饾樅饾樁饾槬饾槩 饾槩 饾槷饾槳饾槼饾槩饾槼 饾槫饾槹饾槸 饾槹饾槴饾槹饾槾 饾槸饾樁饾槮饾樂饾槹饾槾 饾槶饾槹饾槾 饾槬饾槳饾槾饾樀饾槳饾槸饾樀饾槹饾槾 饾槫饾槩饾槷饾槳饾槸饾槹饾槾, 饾槾饾槳饾槸 饾槬饾槮饾槴饾槩饾槼 饾槼饾槮饾槸饾槫饾槹饾槼饾槮饾槾 饾槸饾槳 饾槼饾槮饾槷饾槹饾槼饾槬饾槳饾槷饾槳饾槮饾槸饾樀饾槹饾槾 饾槮饾槸 饾槸饾樁饾槮饾槾饾樀饾槼饾槩饾槾 饾槱饾樁饾槮饾槶饾槶饾槩饾槾. 饾槡饾樁饾槫饾樁饾槷饾槪饾槳饾槼 饾槼饾槮饾槫饾槹饾槸饾槫饾槳饾槶饾槳饾槩饾槬饾槹饾槾 饾槮饾槾 饾樁饾槸 饾槺饾槼饾槳饾槸饾槫饾槳饾槺饾槳饾槹 茅饾樀饾槳饾槫饾槹 饾槻饾樁饾槮 饾槸饾槹饾槾 饾槫饾槹饾槸饾槫饾槳饾槮饾槼饾槸饾槮 饾槩 饾樀饾槹饾槬饾槹饾槾, 饾槸饾槹 饾槾贸饾槶饾槹 饾槩 饾槶饾槹饾槾 饾槫饾槼饾槳饾槾饾樀饾槳饾槩饾槸饾槹饾槾 饾槹 饾槩 饾槶饾槹饾槾 饾槫饾槼饾槮饾樅饾槮饾槸饾樀饾槮饾槾”.

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V铆ctor CORCOBA HERRERO/ Escritor Espa帽ol

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La vida es un vivir desvivido por amar y una fuente inagotable de anhelos, lo que nos demanda esp铆ritu pensativo profundo y conciliador, ya que todo renace de lo alto y se regenera en comuni贸n de pulsos. Ojal谩 que la tradicional visita de estos d铆as a las tumbas de nuestros difuntos sea un momento, adem谩s de algo preciso para la deliberaci贸n interna, tambi茅n est茅 dotado de respuestas, por lo que significa de peregrinaci贸n terrenal a la patria del cielo. Es, precisamente, este soplo ensimismado con la pureza de la composici贸n, lo que nos hace transitar sin temor a la muerte, manteniendo la incesante vigilancia m铆stica, que nos prepara para afrontarla con serenidad. No olvidemos, que lo importante de un penitente es hacer penitencia, corregir errores y reprender actitudes. ¡Enmendarse!, en suma.
En efecto, el camino hacia la inmortalidad est谩 en el poema cultivado, en el verso que he vuelto a ser, en la gloria del regreso a la inspiraci贸n m谩s n铆vea, sustentada en conocerse a s铆 mismo, para poder restaurar nuestros propios andares. Sea como fuere, a poco que nos adentremos en nuestros latidos, descubriremos que las diversas existencias est谩n profundamente unidas unas a otras, hasta el extremo de que nuestros pasos por aqu铆 abajo, el bien y el mal que cada uno realiza, afectan siempre a los dem谩s. Tanto es as铆, que las tumbas, son casi un reflejo del mundo. Recorrer, pues, los cementerios es peregrinar mar adentro, en busca de consolaci贸n, a trav茅s de un sue帽o marcado por la esperanza de lo perpetuo.
La eternidad, aparte de enternecernos, nos alienta a dirigir la mirada hacia lo celeste, con una humanidad cada vez m谩s universal, y a digerir una invocaci贸n com煤n de armon铆a, para quien ha vivido, para quien vive, y para quien vivir谩. Lo significativo es llenarse de luz, traspasar el horizonte de la entrega, siendo incapaces de permanecer pasivos e indiferentes ante las necesidades del pr贸jimo, en una era marcada por las transiciones urbanas y digitales. La apuesta se hace cada d铆a m谩s palpable, promoviendo pueblos y ciudades inteligentes centradas en las personas, lo que nos exige dar prioridad a las necesidades humanas, la inclusi贸n y la accesibilidad. Desde luego, eso est谩 muy bien, pero lo nefasto radica en cultivarse sin reflexionar, ser谩 como malgastar la energ铆a de continuidad viviente.
En consecuencia, demos tiempo al tiempo, seguramente entonces, el ignorante se reafirmar谩, mientras el ilustrado con la c谩tedra de la existencia sobrevivida, comenzar谩 a dudar y a interrogarse. Ciertamente, parece que el mundo se ha vuelto mucho m谩s racional y que, incluso pensar en la muerte, es un ejercicio de recapitulaci贸n viviente, de d贸nde vengo y hacia d贸nde voy o quiero ir. Ahora, cuando nuestra naturaleza est谩 a煤n en movimiento, es el intervalo requerido para purgarse y apreciarse. De hecho, recapacitar sobre la expiraci贸n, ayuda a mirar con ojos nuevos los distintos caminos, sin dejar rencores ni remordimientos en nuestras huellas. Sucumbir reconciliados es un principio 茅tico que nos concierne a todos, no s贸lo a los cristianos o a los creyentes.
脷nicamente el reino de la l铆rica est谩 inmerso en el reino del perenne gozo. Por eso, todos somos deudores de esa reconstrucci贸n inspiradora del himno impecable, que debemos abrazar con el 谩nimo de la concordia, puesto que nos puede parecer imposible de conseguirlo, hasta que se logra. A poco que repensemos sobre aquellos difuntos, que dormitan en el sue帽o de la paz, nos daremos cuenta que sus cuerpos esperan ser transformados por el resurgimiento. En realidad, no hay que temerle a la muerte, porque como dec铆a Machado, “mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros ya no somos”. Encima, al descomponerse nuestros andares materiales logramos una nueva dimensi贸n incorp贸rea, confiando en la divina Providencia y no en suplantar la alegr铆a por tristezas.

corcoba@telefonica.net

29 de octubre de 2025.-
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