Paradoja de Guerrero, remesas millonarias y migrantes invisibles



  𝘿𝙖𝙫𝙞𝙙 𝙀𝙨𝙥𝙞𝙣𝙤/Colaboración especial/𝘘𝘶𝘢𝘥𝘳𝘢𝘵í𝘯 𝘎𝘶𝘦𝘳𝘳𝘦𝘳𝘰,CHILPANCINGO, Gro., 27 de febrero de 2026.- Kili tiene un tatuaje en el antebrazo izquierdo. Anchas grecas mexicas le rodean la piel blanca de donde sobresalen su apellido y los nombres de dos de sus tres hijas. Tiene más de un año que regresó —que lo regresaron— a Guerrero de Santa Ana, California, Estados Unidos, aunque para él han pasado muchos más. Es joven aún, 38 años. De estatura media, voz cohibida y ojos desconfiados. Cuando se le dice que se va a grabar la conversación, lo rechaza.
—¿Pero si puedo tomar notas?
—Eso sí —dice, parado en las escaleras de la parte de atrás del mercado Benito Juárez, en Chilpancingo, cercano a las urvans donde llegó de Jaleaca, su pueblo.
Estuvo 22 años en Estados Unidos. Tenía apenas 16 cuando se fue, animado por sus hermanos que ya estaban allá.
—¿Por dónde entraste?
—Por el desierto de Tecate, California.
—¿Qué recuerdas de ese cruce?
—Éramos 40. Sólo llegamos ocho. Fueron días de caminata.
Se casó dos años después de haber llegado. Allá conoció a su mujer, una mexicana nacida en Morelos, ya con residencia, porque llegó con sus padres cuando apenas tenía cinco. Trabajó en mantenimiento, en la construcción, podando árboles. Sus hijas estudian. La mayor está en la universidad y, porque es muy cara, le preocupa estar aquí sin poder trabajar y que la carga la tenga ahora sólo su mujer, que trabaja haciendo limpieza en casas.
—¿Cómo te regresaron?
—Me citó Migración para dizque darle trámite a mi regularización, que había yo iniciado dos años antes, y estando allí me deportaron.
—¿Qué te dijeron?
—Que porque no le había dado seguimiento oportuno me iban a castigar un año. Ya pasó, y no me han vuelto a llamar.
—¿No te estigmatizaron, no te acusaron de pandillero o de marero, por el tatuaje?
—No, pero me preguntaron qué era eso, que qué significaba. Les dije que era mi apellido, y los nombres de mis hijas.
—¿Y aquí, has podido conseguir trabajo?
—No, en mi pueblo no hay dónde. Alguna que otra cosa en el campo.
—¿Cómo le haces?
—Me mandan de allá mis hermanos.
—¿Entonces, ahora en vez que tú mandes te mandan?
—Ándale. Es una cosa desesperante.
LAS PARADOJAS DE LAS REMESAS
Durante décadas miles de familias guerrerenses han dependido de las remesas para el sustento diario. Pueblos enteros han cambiado su aspecto gracias a los envíos de los paisanos en Estados Unidos. En Cuanacaxtitlán, San Luis Acatlán —octavo lugar en recepción en 2025 con dos mil 176 millones de pesos—, casas con estilo californiano se levantan en sus calles pavimentadas. Lejos quedó aquel pueblo tu’un savi de casas de adobe y bajareque y callejas encharcadas.
Esa dependencia económica no cambió en 2025, un año de especial contracción general en el país. De acuerdo con datos del Banco de México (Banxico), Guerrero se mantuvo como el segundo estado con mayor dependencia de dinero proveniente de Estados Unidos, sólo por abajo de Chiapas, al captar 58 mil 445 millones de pesos. Para ponerlo en perspectiva, las remesas representaron casi tres cuartas partes del presupuesto estatal, 70.1 por ciento, que fue de poco más de 83 mil 64 millones de pesos, y superaron por más de 12 mil millones (27.1 por ciento) la derrama turística anual que fue de 46 mil millones de pesos, según datos del Gobierno de Guerrero.
Además, la entidad se mantuvo entre los tres estados con mayor crecimiento porcentual de entrada de dinero de Estados Unidos; es decir, creció 3.4 por ciento, sólo por abajo de Baja California que creció 22.2 y Campeche que creció 3.5, contrario a la tendencia nacional de menos 4.5 por ciento en captación general, siempre de acuerdo con datos de Banxico.
Tlapa fue el municipio donde más llegaron. En 2025 recibió 548.03 millones de dólares (nueve mil 431 millones de pesos, tomando como base el tipo de cambio actual; 70 veces más que su presupuesto anual de apenas 134 millones 361 mil 230 pesos); le siguen: Acapulco con 301.34 millones de dólares (cinco mil 186 millones de pesos); Chilpancingo, 234.85 millones de dólares (cuatro mil 41 millones de pesos); Iguala, 233.08 millones de dólares (cuatro mil 11 millones de pesos); y Ometepec, 146.36 millones de dólares (dos mil 519 millones de pesos).
Los otros cinco grandes captores de remesas durante 2025 fueron: Chilapa con 143.47 millones de dólares (dos mil 469 millones de pesos); Ciudad Altamirano, 127.08 millones de dólares (dos mil 199 millones de pesos); San Luis Acatlán, 126.46 millones de dólares (dos mil 176 millones de pesos); Arcelia, 112.05 millones de dólares (mil 928 millones de pesos); y Teloloapan, 89.19 millones de dólares (mil 543 millones de pesos).
Sólo que esta profusión de dinero es, cuando menos, una paradoja. Tal vez sólo un espejismo. Una montaña que relumbra como oro a lo lejos y cuando se llega no hay más que tierra. A pesar de los altos registros de ingresos en estos municipios, sus condiciones de pobreza y rezago social persisten. Contrario a lo que se pudiera esperar, no hay un reflejo entre volumen de remesas y bienestar social. Una de las razones puede ser que en comparación con las remesas, la inversión pública sigue siendo insuficiente.
Por ejemplo, en Tlapa, el mayor captador de remesas, tres de cada cuatro habitantes viven en pobreza; es decir, de 102 mil habitantes, 74 mil (71.8 por ciento) son pobres; 41 mil (40.4) tienen pobreza moderada; 32 mil (31.4) pobreza extrema, y sólo cuatro mil (4.7) no lo son, de acuerdo con un informe de la Secretaría de Bienestar del gobierno federal publicado a principios de este año.
Y en Acapulco, de 788 mil habitantes, 394 mil (52.1 por ciento) viven en pobreza; 268 mil (35.4) en pobreza moderada; 126 mil (16.7) en pobreza extrema, y sólo 107 mil (14.2) no son pobres o vulnerables. Chilpancingo, de 295 mil habitantes, 160 mil (55.5 por ciento) viven en pobreza; 100 mil (34.7) en pobreza moderada; 60 mil (20.8) en pobreza extrema y 33 mil (11.6) no son pobres.
Iguala, de 158 mil habitantes, 86 mil (54.5 por ciento) son pobres; 53 mil (33.3) viven en pobreza moderada; 33 mil (21.1) en pobreza extrema, y sólo a 19 mil (12.5) no entran en este rango. Ometepec, de 69 mil habitantes, 52 mil (68.2 por ciento) son pobres; 28 mil (37.1) viven pobreza moderada; 24 mil (31.1) en pobreza extrema, y dos mil (3.6) se excluyen de esta condición. Chilapa, sexto en recepción de remesas, de 124 mil habitantes, 94 mil (75.2 por ciento) viven en pobreza; 55 mil (43.8) en pobreza moderada; 39 mil (31.4) en pobreza extrema, y sólo cinco mil (4.2) no son ni pobres ni viven en rezago.
Cierran el top ten de municipios con mayor ingreso de dinero del extranjero, pero cuyo rezago persiste: Ciudad Altamirano, con 39 mil habitantes, 21 mil (52.7 por ciento) están en pobreza; 15 mil (37.3) en pobreza moderada; seis mil (15.4) en pobreza extrema, y dos mil (seis por ciento) no están en ninguna de estas condiciones. San Luis Acatlán, de 47 mil habitantes, 43 mil (89 por ciento, nueve de cada 10) viven en pobreza; 19 mil (38.2) en pobreza moderada; 23 mil (47.8) en pobreza extrema, y 585 (1.2) no entran en este segmento.
Arcelia, de 35 mil habitantes, 21mil (63.9 por ciento) son pobres; 14 mil (44.2) viven en pobreza moderada; seis mil (19.7) en pobreza extrema, y dos mil (6.4) no son pobres. Teloloapan, de cuyos 53 mil habitantes, 36 mil (63.9 por ciento) son pobres, 26 mil (46.6) viven en pobreza moderada; 10 mil (17.3) en pobreza extrema, y dos mil (4.7) están fuera de este segmento.
Hay otro dato del que, en medio del festejo por los altos ingresos en remesas a Guerrero, poco o nada se habló, y es que también hubo disminución, sobre todo a nivel municipal y si se compara el flujo de manera trimestral. Cuatro ejemplos: San Miguel Totolapan recibió el primer trimestre de 2025, 485 mil 557 dórales (8.35 millones de pesos) y cerró el último, octubre-diciembre, con apenas 18 mil dólares (309 mil pesos).
Olinalá, que bajó de 19 millones de dólares en el primer trimestre a 18 millones en el último. El mismo San Luis Acatlán, que si bien inició con 30 millones de dólares de ingresos, en el segundo y tercero aumentó a 31 y 32 millones, en el cuarto cayó otra vez a 30 millones de dólares. También, Alcozauca que cerró con apenas 725 mil dólares cuando venía de recibir un millón 220 mil 455 dólares a inicios de 2025. En la misma situación están Atlixtac, Cochoapa el Grande, Iliatenco, Tlapehuala y Tlacoapa.
SECRETARÍA SIN MIGRANTES
La Secretaría del Migrante y Asuntos Internacionales es un edificio reluciente. Está hacia el sur de Chilpancingo, sobre el bulevar Vicente Guerrero. Tres plantas bien iluminadas por amplios ventanales y en cada piso oficinas bien ordenadas y limpísimas. Cada una con sus áreas respectivas. En el primero está la Jefatura, la Sala de juntas, la Coordinación del programa lazos migrantes y la Coordinación del programa 2×1 para migrantes.
En el segundo la Subsecretaría de migrantes internacionales, la Delegación administrativa, la Dirección general de atención al migrante internacional, la Dirección general de asuntos jurídicos y derechos humanos de los migrantes, y la Dirección general de vinculación con organismos internacionales. En el tercero la Subsecretaría de migrantes nacionales, la Dirección de general de planeación y políticas públicas migratorias, la Dirección general de información, difusión y transparencia, la Dirección general del atención a jornaleros agrícolas y la Unidad de género.
Toda la ingeniería institucional en operación para hacer girar la rueda… pero no tiene migrantes. Por ningún lado se ve a paisanos retornados entrando o saliendo, o haciendo antesala en busca de asesoría, o para saber qué hacer, o al menos conocer las políticas públicas en su favor. Y todas las puertas están cerradas, una que otra apenas entreabierta. Un lugar tan silencioso que hasta parece vacío. Si acaso algún empleado pregunta en las escaleras hacia dónde se dirige el visitante. El único ruido constante es el que entra del tráfico del bulevar.
De acuerdo con la Unidad de Política Migratoria de la Secretaría de Gobernación del gobierno federal, fueron 12 mil 427 paisanos retornados de Estados Unidos en 2025. Mientras que en un informe de la dependencia estatal, cuya secretaria Silvia Rivera Carbajal declinó a ser entrevistada para este reportaje, sólo se mencionan los paisanos retornados en diciembre; además, se especifica que sólo 65 “se acercaron para recibir atención y acompañamiento”.
Kili arruga la nariz cada tanto. No es que esté incómodo con la entrevista. Un poco sí, aunque el motivo real es que lugar donde se platica huele demasiado a orines, pero era el único donde se podía estar tranquilo. Son las 10 horas de un domingo fresco de enero. Más tarde, una mesa de un café cercano se desocupa y él sugiere ir para allá. Más relajado, tomando café, dice que su regreso ha sido difícil, que le ha costado adaptarse a la vida aquí.
—Cuando me vi aquí —dice— me pregunté: “¿Y ahora qué voy a hacer?”. Sentí feo; 22 años allá y con mi hija, la menor, de cuatro años. Aunque hablo con ella todos los días, sí siento feo.
—¿No has visto a tu familia en todo este tiempo?
—Sí, he ido a Tijuana y allí nos encontramos. Mis hijas y mi esposa pueden salir y entrar sin problema. Son dos horas de camino para ellas desde Santa Ana.
—¿Qué te dicen?
—Se agüitan. Me dicen que cuándo me voy a regresar, pues, que ya quieren que esté allá con ellas.
—¿Has recibido algún tipo de ayuda del gobierno estatal o federal, ya sea para regularizarte allá o estar lo mejor posible aquí?
—No, ninguna de las dos cosas. Allá mi familia contrató un abogado para darle seguimiento a los trámites en migración.
—¿Cuánto les cobra?
—Tres mil dólares por servicio. Es el segundo que contratamos. El primero nos cobró ocho mil dólares y no resolvió nada. Por eso cambiamos.
—¿Te has acercado a alguna dependencia aquí?
—Tampoco.
—¿Por qué?
—¿Para qué?
SÓLO PROMESAS
El presidente de la Fundación Guerrerense Binacional, Gaudencio Vélez Catalán dice que, luego del endurecimiento de las políticas migratorias de Donald Trump, muchos paisanos decidieron regresarse con la promesa del Gobierno de México que les iba a ayudar.
—¿No fue así?
—Les dieron una tarjeta con dos mil pesos. Nada más y luego “hágale como puedan” —dice desde Estados Unidos, donde radica desde hace más de 40 años.
—¿Y cuál fue el ofrecimiento?
—Mira, por años nosotros hemos contribuido a la economía del estado. Somos la primera fuerza en eso por arriba del turismo. Pensamos que el programa México te abraza sería en la misma proporción que nuestro aporte allá.
—¿Y no recurren a los consulados?
—Los consulados están inoperantes en Estados Unidos.
—¿Por qué lo dice?
—Porque no te regalan nada. Todo trámite tiene costo. Una matrícula consular cuesta de 38 a 56 dólares, dependiendo de los años de vigencia. Y cada año nos suben los trámites 20 por ciento.
Gaudencio se fue a los 16 años. Una de esas regresó a Guerrero y acá conoció a su esposa. Se casaron y se la llevó. Sus tres hijos son nacidos allá. Aunque ninguno hizo universidad tienen trabajos estables y bien pagados. Muchos paisanos, dice, quisieran menos que eso.
—Muchos no pueden o no quieren, por temor, salir a trabajar. Tampoco pueden salir a comprar víveres. Viven encerrados. En muchos casos nosotros tenemos que ir a hacerles la despensa. Antes se podía andar con libertad en las calles de la ciudad, ahora ya no.
—En la Secretaría del Migrante de Guerrero dicen que no es para tanto, que es más el discurso de odio de Trump, y que en otros años ha habido, incluso, más deportados que en 2025.
—Sí y no. Porque el discurso de odio pega y discrimina. Tal vez en otros años pudieron haber sacado más guerrerenses pero la persecución que se vive ahora es como una pesadilla de la que ya queremos despertar. Algo que no había ocurrido. Ya ves que hasta ciudadanos americanos ha matado el ICE.
—¿Y los que se quedan sin trabajo cómo le hacen?
—Hay algunos albergues donde dan comida caliente. Y nosotros repartimos, también, en algunos casos. No te voy a decir que les damos dinero o que les conseguimos, eso tampoco. La fundación no tiene esa capacidad financiera.
—¿Dónde hacen eso?
—Sobre todo en Santa Ana, que es donde hay mayor presencia de guerrerenses. Unos dicen que es Chicago, pero no. En Santa Ana uno de cada tres trámites que se hacen en el consulado es un guerrerense.
De casos de paisanos deportados conoce muchos, dice, pero tiene dos muy cercanos. Un sobrino que estuvo viviendo 20 años allá y que por una orden ejecutiva le negaron la residencia y lo regresaron, y su yerno, esposo de su hija. Ella nació allá, tiene la ciudadanía. Él no. Se conocieron en Guerrero, se casaron y se fue con ella a Estados Unidos. Dos veces lo agarraron intentando entrar y las dos veces lo perdonaron.
—Pero acá no hay tercera —dice Gaudencio, cuya fundación creó en 2002—. Lo castigaron por 10 años sin poder ingresar. Para la migra es una ofensa que entres al país de manera ilegal.
—¿Así que aquí se va a quedar?
—Tal vez lo intente más adelante.
—¿Conoce las cifras de las remesas? ¿Sabe, por ejemplo, que aunque en todo México disminuyeron en Guerrero no? ¿Qué opina de ese fenómeno?
—No estoy muy seguro de eso. Yo digo que si afectó a todo el país también tuvo que afectar a Guerrero.
—Pero son datos del Banco de México ¿Por qué lo dice usted?
—Porque la gente tiene miedo de salir a trabajar. Y si no trabaja no tiene percepciones y cómo envía. Te voy a dar un ejemplo claro. Tengo un amigo que tiene una tiendita a la vuelta de donde vivo, acá en Los Ángeles. Él tiene el servicio de MoneyGram para envío de remesas. Platicando con él, le pregunté sobre cuánto han bajado los envíos y me dijo “considerablemente”.
—¿Aún así siguen enviando, oiga? Eso no se puede negar.
—No. Eso tampoco. También hay que reconocerle el valor a los migrantes de Guerrero, porque a pesar de todas las adversidades que hay, a veces hasta consiguen dinero. Ellos son responsables con sus familias allá. De ahí pudiera haber un alivio más.
—¿Qué perspectivas ve en el corto plazo para los paisanos que se la están pasando difícil allá?
—Después de toda tormenta viene la calma. Nosotros esperamos que dentro de todas las loqueras de Trump deje pasar una reforma migratoria que estamos empujando desde el Congreso para darle certeza laboral a los paisanos acá. Son 14 millones de mexicanos que viven acá y necesitan certeza legal para trabajar.
Cuando se le pregunta que cuántos guerrerenses viven allá en todas las condiciones, con y sin papeles, dice que no tiene el dato a la mano. La Secretaría del Migrante, entre la poca información que accedió a proporcionar, estima que —con base en datos utilizados en el estudio IEPC + Colef-Frontera Norte de 2022— son tres millones 287 mil 941; un millón 55 mil 160 de los cuales, son nacidos en Guerrero y migraron a Estados Unidos.
“No obstante —dice el documento—, es difícil contar con una cifra exacta de migrantes, ya que la mayoría de los guerrerenses que radican en ese país no cuenta con credencial para votar (INE) o matrícula consular, documentos que permiten llevar registros más precisos de los connacionales fuera de México”. Del número de trabajadores, regulares e irregulares, la dependencia dice que debe tenerlo la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.
POR EL CERRO
Kili voltea a ver la hora, inquieto. Es la segunda vez. Se le dice que es la última pregunta. Aunque no lo sea. Momentos antes una familiar se acercó para apresurarlo. Otros parientes ya están esperándolo para regresarse. Vinieron juntos para aprovechar y hacer compras en la ciudad.
—Tenemos que volver temprano —dice.
—¿Qué vas a hacer si tu asunto se dilata más?
—El abogado me dijo que no hay problema por Trump. Que voy a volver a entrar, que sí voy a poder conseguir los papeles. Espero que sí.
—¿Y si no?
—Si no, aunque me nieguen el permiso me paso otra vez por el cerro.
—¿Te estás dando un plazo?
—Dos años más.
—Aunque tampoco la vida es tan fácil allá…
—No. Todo es muy caro. La universidad, la atención médica. Nosotros no tenemos casa. Hacerse de un terreno o un predio es demasiado caro y tampoco hay, y ni que pensar en construir una casa. Pero ya hicimos nuestra vida allá y es lo único que tenemos. (𝘨𝘶𝘦𝘳𝘳𝘦𝘳𝘰.𝘲𝘶𝘢𝘥𝘳𝘢𝘵𝘪𝘯.𝘤𝘰𝘮.𝘮𝘹).
#𝘝𝘢𝘮𝘰𝘴𝘔𝘢𝘭𝘺𝘝𝘢𝘮𝘰𝘴𝘈𝘪𝘳𝘗𝘦𝘰𝘳.

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