Terminó 14 de febrero con disparos en Puebla
TECOMATLAN, PUE., 14 de Abril de 2026.--El 14 de febrero en Puebla no terminó con flores.
Terminó con disparos.
Mientras la ciudad celebraba, en un lugar llamado Sala del Despecho, la noche se rompió.
Tres jóvenes no regresaron a casa.
Cinco más resultaron heridos.
Y casi al mismo tiempo… comenzó otra historia.
La de cómo se cuenta una tragedia.
Primero se habló de confusión.
Después vinieron las insinuaciones.
Que si estaban involucrados.
Que si algo debían.
El propio gobernador Alejandro Armenta Mier se sumó a ese juicio.
No solo sobre los jóvenes… también sobre sus familias.
Intentaron cerrar el caso rápido,
con una historia que parecía sacada de una narco novela.
La fiscalía señaló a un grupo: “La Barredora”.
Pero hasta hoy, la pregunta sigue intacta:
¿Qué pasó realmente?
¿Fue cobro de piso?
¿Fue un mensaje al gobierno?
¿O fue algo más profundo…
un recordatorio de que la violencia nos alcanza a todos?
Días después, regresamos al lugar.
No había música.
No había ruido.
Había velas.
Unas cincuenta, tal vez sesenta personas.
De pie.
En silencio.
Las luces pequeñas apenas iluminaban los rostros…
pero decían todo.
Nadie lo decía en voz alta,
pero todos lo sabíamos:
podía haber sido cualquiera.
Y mientras una madre rompía el silencio a nivel nacional,
aquí pasaba algo igual de grave:
no hubo disculpas.
Hoy, dos meses después, lo que queda es el silencio.
Un silencio que pesa.
Un silencio que incomoda.
Un silencio que intenta borrar.
Pero hay algo que no se puede borrar.
Hay una silla vacía en una casa.
Una cama que nadie volvió a deshacer.
Un mensaje que se quedó en “en línea”… y nunca tuvo respuesta.
Hay familias que siguen esperando escuchar una puerta abrirse…
sabiendo que eso ya no va a pasar.
Y no es solo una historia.
No es solo una familia.
Son muchas.
Son los jóvenes que hemos perdido en Puebla.
Los que salieron una noche… y no regresaron.
Los que tenían planes, amigos, futuro… y se quedaron en una cifra.
Víctimas de una violencia que ya no distingue.
De un miedo que se parece cada vez más al terrorismo:
silencioso, constante… y cotidiano.
Y eso…
eso es Puebla hoy.
#𝘝𝘢𝘮𝘰𝘴𝘔𝘢𝘭𝘺𝘝𝘢𝘮𝘰𝘴𝘈𝘪𝘳𝘗𝘦𝘰𝘳.
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