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primicia de Jesรบs estรก, esencialmente, en el hecho de que รฉl mismo llena  los preceptos con el amor del Altรญsimo, con la fuerza del Paracleto que mora en รฉl. Nosotros, a travรฉs de la fe en Cristo, podemos abrirnos a su orante soplo, para reabrirnos mar adentro con la cruz salvรญfica y pasar, 
de ser instrumento de muerte, a ser signo de vida. Lo revelador es no encerrarse en uno mismo, amar y dejarse amar con decisiรณn.

    ๐—œ.- ๐—”๐— ๐—” ๐—” ๐——๐—œ๐—ข๐—ฆ, ๐—–๐—ข๐—ก ๐—ง๐—ข๐——๐—ข ๐—˜๐—Ÿ ๐—”๐—Ÿ๐— ๐—”

    Estamos convocados a la caridad.

    Nada somos sin su labor habitual,

    de plantarla y replantarla a diario.

    Es nuestra vocaciรณn por dignidad,

    y nuestra evocaciรณn por rectitud.

    Quien ama tiene el don del gozo,

    la firme alegrรญa de la expectativa,

    y el tenaz regocijo de apreciarse;

    de darse, donarse y de refundirse,

    con el gran amor que es el Seรฑor.

    Necesitamos su bendito renuevo,

    para poder peregrinar en plenitud;

    esta es una gracia que el Altรญsimo,

    con su compasiรณn y su clemencia,

    nos otorga sin espera y con apego.

    II.-Y, AMA AL PRร“JIMO, COMO A TI MISMO

    El hacer de cada dรญa es el aprecio,

    no el precio de lo que se coopera;

    porque no me basta amar a Dios,

    si el prรณjimo no se aloja prรณximo,

    para que el amor nos magnetice.

    Todos somos imagen del Creador,

    y palpitaciรณn del fruto de su celo;

    composiciรณn de un obrar celestial,

    y textura de una huella endรฉmica,

    que nos activa el ritmo de pasiรณn.

    Nadie como nuestro Crucificado,

    que hizo siempre lo que al Padre

    le agrada, supo conciliar heridas,

    para regenerarnos solidariamente,

    con los dones beatรญficos del bien.

    ๐—œ๐—œ๐—œ.- ๐—ฃ๐—จ๐—˜๐—ฆ, ๐—”๐—ค๐—จ๐—˜๐—Ÿ ๐—ค๐—จ๐—˜ ๐—ก๐—ข ๐—”๐— ๐—”, ๐—ฌ๐—” ๐—˜๐—ฆ๐—งร ๐— ๐—จ๐—˜๐—ฅ๐—ง๐—ข

    Somos hijos del amor y del amar;

    hasta el extremo, que hay miradas

    que matan y gestos que enfrentan,

    palabras que nos trituran el alma,

    y acciones que nos dejan sin voz.

    Servir a la vida cuidando al otro,

    al anรกlogo que va a nuestra vera,

    esperando de nosotros el aliento,

    de sentirse custodiado y asistido,

    y deseoso de hallarse hermanado.

    Pobre de aquel que no se observa,

    que no vive la piedad del legarse,

    que todo lo infunde de venganzas,

    y que todo lo confunde con odios,

    pervirtiendo incluso su existencia.
    Vรญctor CORCOBA HERRERO
    corcoba@telefonica.net
    14 de febrero de 2025.-

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